lunes, 8 de febrero de 2010

BAJÓ LA PAPA




En relación inversamente proporcional al precio de la carne vacuna y a pesar de una generalización en la suba de los precios de casi todo y en el marco de un fuerte aluvión especulativo del que se han hecho eco en nuestra ciudad desde los distribuidores mayoristas hasta los almaceneros de barrio, el precio de dicho tubérculo- perdonando la expresión- es la vedette de la economía familiar. Sin embargo, lo que debería ser una buena noticia se ha convertido, de a poco, en un verdadero fastidio en los hogares tresarroyenses y, sobre todo, en algunos comedores públicos.
“Papas fritas, puré, pastel, papas al horno…ya no sabemos qué más hacer de comer con la cantidad de bolsas que nos traen”. Así se expresaba, no sin angustia y crispación Patricia Comiloni, una abnegada cocinera de una escuela de verano en nuestra ciudad, encargada de cocinar para más de cien niños en un comedor local. Por otro lado, los niños parecen responder a su manera a este particular suceso en la ley de oferta y demanda y a sus absurdas consecuencias del modo más feliz e inocente que los caracteriza, esto es arrojándose puñados de papitas noisette a manera de “guerra de comida”. “Nosotros les tratamos de explicar que ya va a volver a subir el precio muy pronto, que traten de comprender, que cuando estén hasta acá de arroz van a querer papa otra vez, pero bueno… ellos no lo entienden porque son niños y por eso se expresan de esta manera; yo creo que los niños y los locos siempre dicen la verdad, podría decir que siempre tienen la papa…jeje. Mejor no ponga eso.” Asi se explicaba Benito Marzolini, un coordinador de dicha escuelita.

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