Despierta el delincuente de su sueño delincuente. Orina, como todo delincuente. Desayuna como un delincuente y se va a trabajar de delincuente. Sube la escalera; lleva ladrillos delincuentes; se ensucia como un delincuente. Lo saluda otro delincuente en bicicleta, al pasar. Se acuerda de cosas de delincuentes. Almuerza entre delincuentes comida para delincuentes, y vuelve a trabajar, para tener una coartada. Termina su labor de delincuente y se toma una cerveza entre delincuentes. Llega a su reducto de delincuentes, saluda a su familia delincuente, hace los deberes con sus hijos delincuentes y se va a visitar a otros delincuentes, a conversar de cosas de delincuentes. Mitiga su día delincuente entre humo delincuente y se apresta a descansar como un delincuente. Mira en la tv un programa delincuente y por poco no se duerme sentado en su sillón de delincuente. Su compañera delincuente lo acompaña hasta la almohada delincuente, donde, por un rato, nada más, deja de ser un delincuente. Por un rato será un cómplice de todos; un hacedor de la economía de mercado, un señor, un ciudadano, un gesto, un símbolo, un patriota, un hablador… un hombre sencillo al que, por un rato, dejan de doler tanto los huesos delincuentes, como si le estuvieran dando una ventaja, pequeña, por un rato. Luego soñará con un mundo mejor, que es lo que hacen todos los delincuentes.
viernes, 18 de marzo de 2011
Denuncia
Despierta el delincuente de su sueño delincuente. Orina, como todo delincuente. Desayuna como un delincuente y se va a trabajar de delincuente. Sube la escalera; lleva ladrillos delincuentes; se ensucia como un delincuente. Lo saluda otro delincuente en bicicleta, al pasar. Se acuerda de cosas de delincuentes. Almuerza entre delincuentes comida para delincuentes, y vuelve a trabajar, para tener una coartada. Termina su labor de delincuente y se toma una cerveza entre delincuentes. Llega a su reducto de delincuentes, saluda a su familia delincuente, hace los deberes con sus hijos delincuentes y se va a visitar a otros delincuentes, a conversar de cosas de delincuentes. Mitiga su día delincuente entre humo delincuente y se apresta a descansar como un delincuente. Mira en la tv un programa delincuente y por poco no se duerme sentado en su sillón de delincuente. Su compañera delincuente lo acompaña hasta la almohada delincuente, donde, por un rato, nada más, deja de ser un delincuente. Por un rato será un cómplice de todos; un hacedor de la economía de mercado, un señor, un ciudadano, un gesto, un símbolo, un patriota, un hablador… un hombre sencillo al que, por un rato, dejan de doler tanto los huesos delincuentes, como si le estuvieran dando una ventaja, pequeña, por un rato. Luego soñará con un mundo mejor, que es lo que hacen todos los delincuentes.
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